«El fin de las certidumbres», Ilya prigogine, 1996


«La escucha de la disparidad, de la singularidad, de la marginalidad, incluso de la locura, no depende solamente de un imperativo de tolerancia y de fraternidad. Constituye una propedéutica esencial, un llamado permanente a este orden de incertidumbre, una puesta al desnudo de las potencias del caos que acosan siempre a las estructuras dominantes, imbuidas en sí mismas, autosuficientes»

Félix Guattari, «Por una refundación de las máquinas sociales», 1992.


Escribe Prigogine a propósito de la incertidumbre, en el capítulo cuarto «Una nueva formulación de la teoría cuántica», del libro que hoy publicamos:

«Como vimos, la ampliación de la dinámica conduce a retirar su estatus primitivo de grandeza a la trayectoria, arruinando con ello esta identificación intuitiva. La trayectoria se convierte en una magnitud probabilista, análoga al movimiento browniano. El formalismo de los operadores en mecánica
cuántica desemboca entonces en el cuestionamiento de la trayectoria. Podemos medir el momento de una partícula así como su coordenada, mas no podemos atribuir -como exige la noción de trayectoria- un valor bien definido a la vez a su coordenada y a su momento. Es la lección de las famosas relaciones de incertidumbre de Heisenberg».

Y concluye su libro escribiendo: «

«En este proceso de construcción de una vía estrecha entre leyes ciegas y acontecimientos arbitrarios, descubrimos que gran parte de nuestro mundo circundante hasta ahora se había ‘deslizado entre las mallas de la red científica’ para retomar una expresión de Whitehead. Discernimos nuevos horizontes, nuevas preguntas, nuevos riesgos. Vivimos un momento privilegiado de la historia de la ciencia. Espero haber comunicado esta convicción a mis lectores».


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